Lila Zamborin
MIS/TRANSLATION
 

A Héctor Viel Temperley

 

sky ocean sky in the liquid horizon of air inhaled like life’s precious fuel, and then, from exhaling fleetingly the opposite horizon, green's earthy profundity in the remaining breath, a moving surface that leads to the edge, dune that tilts towards the yellowish sky, green in the distance of brownish depths, the most polished stones, and air inhaled once again from the blue, while arms and legs complete the extension, exciting the water, if it weren't for the continuous movement of cells that in their elemental latitude float without effort in this ocean of amazement: who would dare in their heated course crawl submerged in the effluvia; it is a slow drag, with enigmas, with infra-human sounds in the shadows, without oxygen, the virtual blinking of blue and brown, warm raceme, a scratch offering itself to the current, blood that drags itself through the body and through the ocean on a surface without foundation, only movement admits movement, only movement admits distance intended without return, she drags herself parallel to the bay, and from above she appears as a line, as an insect in the disturbed current, a simple rhythmic unfolding, a subtle opening of waters, splitting the glandular softness that contains her and incites her towards a destination, opposing, unstable in the current, while the air enters and leaves through the mouth and the blue plunges itself in the gaze and the body is only a surface in this vain surface that envelops her, the slow crawl of the legs extends its simultaneous texture, a synchrony that looms in the ephemeral silhouette erased with each stroke's expulsion of air

the ultimate trivialization, to the limit of what's acceptable, there where the mind detaches from what trails it and floats with the sudden flap of a flag; to have a title or a system for these ablutions, something like fragments drifting in the distance, as if a long breath could suddenly release that whirlwind from memory; long phrases that indicate fleeting gazes fixed simply on a piece of paper now flying away, or on the man riding past on a bicycle, or in the rhythmic flow of canoes barely prompted by oars; the ardent gaze finds only a periphery of sound, an airplane among the clouds, the dull thud of a dredger, humanity manifested in the mechanical monotony of the waves; there is nothing that air won’t mold, that water won’t cause to succumb; following the shadow’s precepts, the bare radiance of midday’s light succeeds in distracting transformation; a sun, the distance between the astros, the universe scraped by a current of thought far from the profound; to gaze at the fully lit firmament, the planets rotating in habitual harmony, a ship that only risks itself near the husk of a fabulous entity, the crewmen in expected attire supervise the handling of port arrivals that reclaim an inalterable sense of the opaque, the vibration of the wind, the paper never submitted; the tide stretches, the air circulates without haste, nothing in this instant alters the certainty of a flow not be disturbed, the constancy of the mind destines itself to other places; no longer the seduction of certain arms tending to lament, or lips saturated with praise, rather the steady movement towards the present of dreams and the water's constant documentation

 

A Héctor Viel Temperley

 

cielo mar cielo en el horizonte líquido del aire que se inhala como precioso combustible de la vida, y luego profundidad terrosa de lo verde en la fugacidad de exhalar el horizonte opuesto en el hálito que queda, superficie en movimiento que lleva hacia la orilla, duna que se inclina hacia el cielo amarillento, verde en la distancia del fondo amarronado, piedras pulidísimas y el aire que se inhala nuevamente en el celeste, mientras brazos y piernas realizan la extensión que anima el chapaleo, a no ser por el continuo movimiento de las células que en su latitud elemental flotan sin quererlo en el mar de los asombros ¿quién se atreve en su ardiente derrotero a gatear sumido en los efluvios? es un arrastrarse lento y con enigmas, con sonidos infrahumanos en las sombras, sin oxígeno, virtual parpadeo del celeste y del marrón, cálido racimo, rasguño que se ofrece a la corriente, sangre que se arrastra por el cuerpo y por el mar en una superficie sin apoyo, sólo el movimiento admite el movimiento, sólo el movimiento admite la distancia que se intenta sin volver, se arrastra paralela a la bahía, y es de arriba que se atisba como línea, como insecto en la corriente que se agita, acompasado deslizarse es tan sencillo, un sutil abrirse de las aguas, rajarse la blandura glandular que la contiene y la incita hacia el destino que se opone inestable en la corriente, mientras el aire entra y sale por la boca y el celeste se interna en la mirada y el cuerpo es sólo superficie en este vana superficie que la envuelve, el lento gateo de las piernas despliega su textura simultánea, sincronía que gravita en la efímera silueta que se borra cuando expulsa el aire en la brazada

la trivialización más absoluta, ahí nomás, en ese punto de lo aceptable, donde la mente se desprende de lo que la asiste y flota en el golpeteo súbito de una bandera; tener un título o un sistema para estas abluciones, algo así como fragmentos derivando en la distancia, como si de un largo aliento fuera a desprenderse el torbellino que se expulsa en la memoria; largas frases que indican que hay miradas fugaces detenidas simplemente en el papel que ya se vuela, o en el hombre en bicicleta que es pasado, o en el rítmico fluir de las canoas apenas sugerido por los remos; ardiente la mirada que atina sólo a una periferia del sonido, un avión entre las nubes, el golpe sordo de una draga, la humanidad manifiesta en la mecánica monotonía de las ondas; nada hay que el aire no moldee, que el agua no haga sucumbir; siguiendo los preceptos de la sombra, la mera luz radiante de las doce atina a distraer los devenires; un sol, la distancia entre los astros, el universo rasqueteado en la corriente de un pensar ajeno a lo profundo; mirar el firmamento a plena luz, los planetas girando en armónica rutina, una nave que se atreve sólo hacia la cáscara de una entidad fabulosa, los tripulantes en pensados atuendos supervisan la maniobra de llegada a un puerto que reclama un sentido inalterable de lo opaco, la vibración del viento, el papel que nunca se somete; se estiran las mareas, el aire circula sin premura, nada altera en este instante la certeza de un fluir que no debe ser interrumpido, la constancia de la mente se destina hacia otros lares; ya no la seducción de ciertos brazos atentos al quejido, o a los labios impregnados de alabanzas, más bien la inalterable dirección hacia el presente de los sueños y el constante asentamiento de las aguas


TOP